“Comer ecológico no es ni más caro ni más difícil de conseguir”

“Comer ecológico no es ni más caro ni más difícil de conseguir”

Desde la Sociedad Española de Agroecología queremos reproducir al completo este artículo publicado en la sección Buena Vida del periódico El País sobre los costes de la alimentación ecológica. En este texto, aparecen referencias a la presidenta de la SEAE, Mª Dolores Raigón, que explica ventajas como el abaratamiento de los costes o los beneficios de comer ecológico.


Intenté comer ‘eco’ durante un mes sin arruinarme (y esto es lo que aprendí)

Ya no es más caro, ni tan difícil de conseguir como antes. Si no quiere llevar una dieta orgánica, tendrá que buscar otras excusas

Salud, sabor y conciencia ecológica. Por estas tres razones los consumidores españoles gastan al año 1.500 millones de euros en productos orgánicos, biológicos o ecológicos. Un mercado que crece a un ritmo muy rápido (24% anual), según el último estudio de 2015 sobre el sector ‘eco’ publicado por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA). Y este crecimiento de la demanda se ha producido en plena crisis económica, lo que demuestra que el consumidor tiene conciencia ecológica e interés en consumir estos productos.

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No obstante, el carro de la compra en España se sigue llenando mayoritariamente de productos convencionales. Nos gastamos en ellos unos 2.100 euros por persona y año, frente a los 32 euros que invertimos en los ecológicos. Y eso que los suecos gastan siete veces más que nosotros. ¿El motivo? La diferencia de precio es sensiblemente más elevada y, al contrario que los países del norte de Europa, los productos ‘bio’ aún no llegan a todos los formatos comerciales, según indica el Informe sobre el Sector Ecológico en España realizado por la consultora EcoLogical (con datos del MAPAMA).

El panorama está cambiando. Debido a la concienciación ecológica, la diferencia de precios entre lo ‘eco’ y lo convencional se va acortando, y cada vez hay más variedad de estos alimentos en los lineales, ya sea en supermercados o en tiendas especializadas. Solo hay que ser un poco apañado y saber priorizar lo que compramos… Porque sí, se puede comer orgánico sin arruinarse siguiendo estas pautas.

1. Ya no hago listas cerradas

Ir al súper con las ideas muy claras no siempre es la mejor opción. Dejarse llevar, comparar precios, y etiquetas suele ser sinónimo de acierto. ¿Que las cerezas ecológicas están de oferta? Las fresas pueden esperar. Como cada vez hay más productos de ese tipo en los supermercados, no es anecdótico que algunos de sus precios sean más económicos que en tiendas especializadas o asociaciones de consumo. “En las ecotiendas y en los herbolarios hay muchos distribuidores de por medio, y el precio sube”, argumenta Diego Roig, director de EcoLogical. Además, en algunos de ellos ya se vende carne ecológica al corte, como en las carnicerías convencionales, lo que supone también cierto ahorro al no tener que recurrir a las bandejitas empaquetadas, en las que hay que comprar cuatro filetes en lugar de los dos que podría necesitar. Otra opción para gastar menos es “comprar productos a granel, como quinoa, cuscús, frutos secos o semillas”, añade Roig.

2. Casi todas las mermeladas que he encontrado son francesas

España es el primer país de la Unión Europea en cuanto a superficie de producción ecológica, aunque eso no siempre se traduce en el mercado. María Dolores Raigón, presidenta de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE) lo ejemplifica: “Francia es una potencia en cuanto alimentos transformados como mermeladas o salsas. ¿De dónde sale esa materia prima? De España. Lo que significa es que el producto se exporta a Francia, allí se elabora, coge valor añadido y retorna a nuestro país a un precio superior. Hay que leer bien la etiqueta. Si el producto es español en su totalidad, eso repercutirá positivamente en nuestra economía”. Diego Roig confirma ese potencial de España como país productor de alimentos ‘bio’: “Somos el quinto productor mundial de ese tipo de alimentos, y los primeros de Europa, sobre todo en fruta, verdura, aceite o vino. Pero falta crear esa industria de productos transformados, que dará respuesta a la creciente demanda de los consumidores. El día que eso llegue, ya no tendremos que importar estos productos, y el precio será mucho más bajo”, explica.

3. Lección aprendida: las alcachofas no son para el verano

Albaricoques, nísperos, cerezas, melones, sandías, ciruelas, melocotones… Y por supuesto, rey del verano, el tomate. Con estos ingredientes de temporada, la cesta de la compra es más económica. Y se nota en el sabor. “Son los productos que la misma agricultura produce de forma natural, lo que la tierra nos ofrece en ese momento. Hay más disponibilidad, y por ello baja el precio”, detalla Diego Roig. “Por ejemplo, la planta del tomate necesita una temperatura y unas horas de luz muy determinadas para que se cumplan todas las necesidades fisiológicas de la planta. Si no tenemos esa climatología, habrá que forzarla con sistemas de invernadero, y eso implica una energía que hay que pagar. Esta es la diferencia entre un tomate de temporada y uno que no lo es”, cuenta María Dolores Raigón.

4. ¿Quiero fruta que haya madurado en un avión?

La localidad es otro factor de abaratamiento. Los alimentos producidos en su comunidad serán más económicos y sostenibles. “Cuanto mayor cercanía de producción, menos intermediarios, más frescos y más baratos. Además, favorecen la economía local”, recuerda el director de EcoLogical. “Además de evitar el coste energético derivado del transporte del producto, respetará su ciclo de vida. Si la recolección se hace en el momento óptimo de maduración, llegará a su casa con las condiciones organolépticas intactas y la mejor composición nutricional”, explica María Dolores Raigón.

5. La ternera ‘eco’ no es más cara

El tipo de alimentación del ganado también tiene que ver con el precio final del producto. La diferencia de precio entre un pollo ecológico y uno normal es considerable. Pero no ocurre lo mismo con la ternera. “Lo que más influye es el coste de alimentar a ese ganado. Las terneras ‘eco’ se nutren de los pastos, y aunque puedan ser suplementadas con pienso y compuesto biológico, el resultado final puede ser igual (en términos económicos). El ganado aviar, sin embargo, depende exclusivamente de una fuente de alimentación que viene de fuera de nuestro país (la soja y los diferentes tipos de maíz, ya que no hay leguminosas autóctonas que puedan cubrir esas necesidades). Una fuente que debe estar sujeta a unos controles para asegurar que ese cereal no contenga trazas de organismos genéticamente modificados ni esté contaminado. Todo esto incrementa muchísimo el precio final”, detalla Raigón. Además, recuerda que “la oferta y la demanda son decisivas en el precio final de este pollo ecológico, por lo que cuanto más pollo compremos, más se abaratará”.

6. Ante la duda, busco la “eurohoja” las etiquetas

Algunos productos pueden llevar en grande la palabra “natural” en el envase, y resulta que no tienen nada de biológico. Uno de los sellos más frecuentes en estos productos es el logotipo ecológico de la UE (una hoja verde hecha con las estrellas de la institución), que certifica exclusivamente alimentos que cumplen las estrictas normas europeas y que proceden al menos en un 95% de agricultura ecológica controlada. Este distintivo asegura que no contiene aromas ni colorantes artificiales, y que no se han utilizado pesticidas sintéticos. Y otro logotipo menos conocido es el sello UTZ, que certifica el cultivo sostenible del cacao, el café, el té, infusiones y avellanas, y defiende una agricultura sostenible, con mejores perspectivas para los agricultores.

Fuente: Buena Vida – El País

http://elpais.com/elpais/2017/05/31/buenavida/1496239446_666321.html