“Las semillas representan una soberanía sobre el proceso productivo” – Entrevista a Peter Michael Rosset (La Via Campesina)

“Las semillas representan una soberanía sobre el proceso productivo” – Entrevista a Peter Michael Rosset (La Via Campesina)

“Las semillas representan una soberanía sobre el proceso productivo”

Peter Michael Rosset es investigador del Departamento de Agricultura, Sociedad y Ambiente de El Colegio La Frontera Sur – ECOSUR (México) y miembro del Equipo Técnico de La Vía Campesina.

Tras acompañar por muchos años a campesinos y campesinas de Centro América, este investigador en temas sobre agroecología entendió que los problemas a los que se enfrenta el campesinado están más relacionados con el ámbito político-social que con lo propiamente técnico. Así paso de investigador a un perfil más activista, con la ONG estadounidense Food First, desde donde construía una alianza con La Vía Campesina. Tras terminar su etapa en Food First, pasó a ser parte del pequeño Equipo Técnico de La Vía Campesina, disperso por los 5 continentes. Ahora lleva más de 10 años acompañando a organizaciones campesinas a nivel internacional en ese camino para consensuar e intercambiar procesos de transformación agroecológica.

 

Por su amplia experiencia junto a organizaciones campesinas de todo el mundo, ¿diría que hablan en el mismo “lenguaje” las organizaciones que aquellos que hacen las políticas?

La Agroecología está en una nueva coyuntura que no habíamos visto antes. Históricamente, los y las que luchamos para que estuviera dentro de organizaciones campesinas, de espacios de investigación y universidades, fuimos ignorados, siempre nos menospreciaban o ridiculizaban desde las instituciones formales. Esto comenzó a cambiar en 2014, desde que el liderazgo de la FAO se está declarando rápidamente agroecológico.

Pero ahí tenemos un problema: ahora hay dos claras versiones de la agroecología. La primera, es desde la institucionalidad (que yo denominaría neoliberal, comercial o empresarial) que la ve como fuente de algunas herramientas y técnicas que puedan ser utilizadas en la agricultura industrial, para ajustarla/afinarla así a un modelo “más sostenible” y perdure más en el tiempo. La segunda, es la del movimiento agroecológico, desde organizaciones campesinas hasta académicos que las acompañan, quienes siempre han visto la agroecología como la alternativa a la agricultura industrial, no como una herramienta para sustentarla. Es decir, una manera totalmente diferente de hacer agricultura y que desafía las estructura de poder. La agroecología no se ve como algo meramente técnico, que sin duda debe funcionar como modelo productivo que de rentabilidad a las familias campesinas, sino que también tiene su elemento político. La agroecología se presenta como un mecanismo de resistencia del campesinado que cada vez tiene más dificultades para vivir en el campo debido a las malas políticas de gobiernos y multinacionales.

¿Podría decirse que desde las grandes esferas (instituciones, empresas…) se está co-optando la agroecología?

Existe esa visión productivista donde la idea es pintar de verde el agronegocio utilizando algunas prácticas agroecológicas mientras no hay cambios estructurales: se mantienen los monocultivos y también la concentración de la tierra y de rentas en pocas manos. Esta es la visión de la agroecología que está siendo promovida desde los estados (ministerios de agricultura, facultades de agronomía…), una visión muy estrecha, muy técnica y muy comercial. Consideramos que es una co-optación de la agroecología y por eso, La Vía Campesina defiende una agroecología netamente campesina o más bien una agricultura campesina agroecológica como alternativa al sistema corporativo de agricultura y alimentación.

 

Entonces, ¿quién debe llevar el liderazgo en esa transformación hacia la agroecología?

Soy parte de La Vía Campesina pero también soy académico que estudia estos temas en El Colegio de La Frontera Sur – ECOSUR – en México. Formo parte del grupo de investigaciones que estudia la masificación o escalamiento de la agroecología y analizamos casos de éxito de muchos países en los que se ha llevado la agroecología campesina a una mayor escala. Lo que hemos encontrado es que los casos de éxito siempre han estado marcados por el protagonismo campesino en el sentido en el que los procesos han sido liderados por las organizaciones campesinas que han construido procesos de formación e intercambio y sobre todo, se han basado en intercambios horizontales de saberes y prácticas entre familia campesina y familia campesina.

Si hacemos además un tour por los proyectos agroecológicos más exitosos de los diferentes países, vemos dos clases de protagonismo de las mujeres: el visible y el invisible. El visible es que hay muchos procesos abiertamente liderados y protagonizados por mujeres. Sin embargo, el invisible es cuando, por ejemplo, vas a visitar una finca y es el hombre el que presume del sitio pero si pasas más tiempo allí y conoces a la familia, resulta que ese hombre apostó por la agroecología por la insistencia de su mujer en que no quería tener más productos tóxicos en casa. Por eso en La Vía Campesina siempre decimos que no hay proceso agroecológico en el que no haya un protagonismo, visible o invisible, de las mujeres campesinas.

También es muy común el notable protagonismo de la juventud campesina. Podemos decir que estamos ante un relevo generacional, de aquellos que se quedaron en el campo y de aquellos que regresan de familias que migraron a la ciudad (los nuevos rurales). Esta nueva generación ya está de entrada convencida por la agroecología y eso da esperanza para el futuro del campo y para el futuro de nuestro sistema alimentario.

 

¿Nos menciona algún ejemplo de estos casos?

En nuestra investigación “Bringing Agroecology to Scale” (2018), recogemos una metodología que se usa mucho: “de campesino a campesino” (o campesina a campesina). Una organización campesina, en su interior, identifica las familias que tienen prácticas más avanzadas de producción ecológica y organiza visitas donde otras familias pueden conocer de primera mano el éxito agroecológico de esas experiencias y aprender de ellas. Es una socialización horizontal de conocimientos, saberes y prácticas. El ejemplo más notable de esto ha sido en Cuba, donde la ANAP (Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, miembro de La Vía Campesina) introdujo la metodología a finales de los 90 y en 15 años lograron que la mitad de la población campesina de toda Cuba hiciera la transformación agroecológica de sus fincas. Entonces demuestra el poder de una metodología que promueve el protagonismo campesino y el intercambio horizontal para lograr ese salto de escala.

 

Sobre el tema central de esta edición 33 de Ae: ¿Cree que el campesinado está perdiendo la soberanía sobre la conservación y producción de sus semillas y variedades locales?

Podemos decir que el movimiento campesino mundial se dedica con prioridad a dos temas hoy en día: uno es la agroeocología y otro, la recuperación de sus semillas autóctonas. Las semillas son fundamentales y representan una soberanía sobre el proceso productivo. El sector privado (las multinacionales) usan las semillas comerciales para quebrar la autonomía económica campesina y generar dependencia. Monopolizan, patentan y ejercen propiedad intelectual sobre las semillas y cobran grandes cantidades de dinero por ellas. Hacen que las familias campesinas dependan de las empresas para sembrar cada año. Frente a eso, las organizaciones están dedicadas a recuperar las variedades locales como un modo de construir una autonomía relativa frente a esas grandes empresas.

Otro elemento importante es la relación de las semillas locales con la agroecología. Es muy difícil construir un sistema agroecológico muy productivo con semillas comerciales porque las empresas hacen selección y cruces -o lo que ellos llaman “mejoramiento”- pero… ¿con qué criterios? Buscan semillas más dependientes de los insumos externos, que para rendir bien necesitan fertilizantes y pesticidas químicos y mucha agua de riego y que están seleccionadas para producir mejor en monocultivo. Al contrario, en un sistema agroecológico se buscan semillas seleccionadas para policultivos, para crear un sistema diverso que produzca bien sin fertilizantes ni pesticidas químicos y sin necesidad de abundante agua de riego. Y resulta que las variedades locales, autóctonas, campesinas e indígenas, generalmente, ofrecen mejores características para ser utilizadas en un sistema agroecológico. Por eso, las semillas es un tema de soberanía, pero también de tener semillas compatibles y favorables para la producción agroecológica.

 

¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrenta el campesinado para la venta de semillas?

Las leyes, que están hechas para favorecer a las empresas y criminalizar el comercio campesino de semillas locales. Es una lucha del movimiento campesino en el espacio político en contra de las leyes que criminalizan las semillas campesinas. Por ejemplo, una ley requiere que para vender semillas, éstas sean certificadas. Y suena bonito: que no tenga enfermedad, que sus características sean reproducibles… pero hay algo oculto en esto: los requisitos para certificar exigen una alta inversión de dinero y solo una empresa grande podría pagarlo. Se trata de una discriminación oculta en contra de las semillas campesinas y que de hecho, la criminaliza al igual que el intercambio y la venta local. Hay que dar un nuevo lugar a las y los guardianes de semillas; promover el intercambio, ferias, trueques, que se puedan multiplicar en cooperativas para venderlas a precios accesibles y haciendo variedades que normalmente no se encuentran en tiendas de agroquímicos y semillas comerciales. Hay que fortalecer todo ese proceso local de recuperación.

 

¿Y cuáles son los factores que pueden colaborar a ese fortalecimiento de los procesos locales?

La organización campesina es el factor medular: solo si hay una organización se pueden construir esos procesos hacia la agroecología. La formación y sensibilización son fundamentales, por ejemplo, sobre temas relacionados con la alimentación o, también muy importante, terminar con algunos mitos sobre la producción agroecológica, como que no es rentable, es más trabajosa y menos productiva. Hay que romper esquemas mentales y la visión del monocultivo y solo será posible con una organización que permita construir un proceso organizado, intencionado y sistemático, dando prioridad a la juventud y las mujeres dentro de las familias y las comunidades porque serán los sectores más sensibles para los cambios. Pero sin un proceso, será difícil. ■


Autora: Sara Serrano Latorre.

Entrevista publicada en la Revista Ae nº 33 sobre semillas ecológicas”

Revista Ae 33. Semillas y Agroecologia